Higos Y Muletas.

 

 

¡No voy a usar mi discapacidad como una muleta!  Pero sí la usaré para obtener más de lo que el abundante universo me ofrece.

 

 

Como una horca alrededor de mi cuello, pudiera dejar que ella me definiese.  Débil, incompetente, incapaz.

 

 

En lugar de ello, tomaré ese trozo de soga pesada y trenzada que amenaza con definirme como algo que no soy y la voy a atar a algo más grande y fuerte.

 

 

Hace seis meses, mi medico me dijo que la razón por la que la parte izquierda de mi cuerpo se vuelve insensible y algunos días no puedo caminar o sentarme y estoy en constante dolor, es debido a la ciática.

 

 

 

La ciática es simplemente el síntoma de la falta de tejido en los discos más bajos en mi columna, por lo que están pinchando el nervio ciático, también causando artritis.  Solo tengo 37 años.

 

 

Generalmente soy una muy activa madre de 3 niños por lo que, cuando oí el diagnóstico, mi mundo se puso al revés.  No es algo que se va o de lo que uno mejora: es algo con lo que tendré que vivir por el resto de lo que espero sea una vida muy larga, saludable y satisfactoria.

 

 

 

Cada día es una lucha pararme de la cama, jugar con mis niños, trabajar y hacer las tareas de casa.  Algunos días son mejores que otros.  En vez de dejar que esta horca me acabe, ha logrado seis meses después, levantarme.

 

 

Mientras visitaba el área de Santa Bárbara, California, recientemente en unas vacaciones familiares, uno de los puntos sobresalientes del recorrido guiado fue un higo australiano que había sido plantado por una joven casi 140 años antes.

 

 

 

Al detenerse el cautivante joven guía para que pudiésemos maravillarnos de su grandeza y majestuosidad, quedé asombrada por su raíces masivas apuntaladas varios pies por encima de la tierra y alcanzando cientos de pies en todas direcciones.

 

 

 

A pesar de la tierra pobre en nutrientes, aquellas raíces habían permitido al higo crecer unos ochenta pies en altura, las ramas alcanzar casi doscientos pies y todavía producía fruta suculenta para el disfrute de propios y extraños.

 

 

Mientras estaba sentada en silencio, me di cuenta de que quería que mi vida fuese un testimonio similar.  Como las serpenteantes y sustentadoras raíces del higo, yo también pudiera estar conectada a algo que me mantiene en pie.  Y como el higo, también quiero seguir creciendo constantemente, alcanzando más allá de las fronteras cautivas de un diagnóstico para ofrecer el fruto de la sabiduría, guía, fortaleza y paz que tantos necesitan.

 

 

No hay soga, no hay diagnóstico o tierra sin suficientes nutrientes en mi vida hoy que puedan evitar luchar por ser una mejor persona, avanzando a pesar de una debilidad, con la disposición de ayudar a otros para que tampoco tengan que usar su discapacidad como muleta.

Stephanie Whitfield, copyright 2013
Fuente: www.motivateus.com

 

 

La historia de hoy, de la pluma de una valiente mujer, nos desafía a sobreponernos a nuestras limitaciones y no permitir que se conviertan en meras excusas para dejar de vivir vidas carentes de propósito.  Y es que, muchas veces, al encarar y finalmente aceptar cualquier limitación—sea esta física (como en el caso de la autora), emocional, financiera, o de algún otro tipo—tendemos a condenarnos a una vida de segunda categoría, dejando de lado nuestros sueños y también toda posibilidad de convertirnos o seguir siendo canales de bendición para los demás.

 

Espero que disfruten de este pensamiento y, más aún, que nos atrevamos a ser la persona que Dios nos creó para ser a pesar de cualquier adversidad que enfrentemos.  Adelante y que el Señor les continúe bendiciendo.

Raúl Irigoyen
El Pensamiento Del capellán