Niños Con Rostros De Adultos.

Niños Con Rostros De Adultos

Recientemente, mientra montaba bicicleta hacia mi destino, pasé el parque.  Al pasar oí una voz masculina vi un hombre intentaba entrenar a su perro cachorro.  Con una voz clara, fuerte, pero al mismo tiempo tierna, le enseñaba a su perro a sentarse y el perro lo hacía.  Con su correa puesta, caminaban unos cuantos pasos y repetían el proceso.  Elogiaba a su perro y podía ver que el perrito estaba muy contento.  El hombre le enseñaba al perro que podía ser más.

 

Le enseñó al perro enfoque, disciplina y estructura.  Lo que me impresionó fue que se tomó el tiempo… se tomó el tiempo.  Al seguir mi camino, reflexioné en lo que había presenciado.  Pensando en cómo él tomó tiempo; estuvo allí.  Le estaba sacando el máximo al perro.  Cuán afortunado era ese perro.

¿Cuán a menudo sacamos tiempo para enseñar a nuestros hijos?

 

Constantemente escuchamos “Estoy tan ocupado, siento que siempre estoy corriendo, estoy estresado”.  Nuestro mundo moderno está tan inundado con mercadeo y publicidad con una y solo una meta.  Y esta es hacer al producto tan atractivo que el consumidor sienta una necesidad ó deseo de poseerlo para sentirse satisfecho o popular.

 

Niños y adolescentes necesitan comprender la poderosa atracción que el mercadeo puede crear.  Necesitan aprender a diferenciar entre lo que realmente necesitan y lo que quieren.  Necesitamos enseñar a nuestros hijos que la publicidad existe para que la gente haga dinero.  Y debido a eso, los publicistas utilizan métodos poderosos para convencer al consumidor a comprar sus productos.

 

Necesitamos enseñar a nuestros hijos cómo los medios necesitan publicidad paga para permanecer en el aire o continuar publicitando.  Necesitamos mostrarles cómo la publicidad puede hacer que la gente quiera algo que realmente no necesitan.

 

 

Deberíamos discutir esto cuando nosotros o nuestros seres queridos somos confrontados por anuncios comerciales ya sea en la televisión, la radio, en periódicos, revistas o vallas. 

Deberíamos discutir cómo la publicidad intenta hacernos sentir mejor acerca de nosotros mismos si adquirimos un cierto producto, ó convencernos de que les caeremos mejor a los demás o que pensarán que estamos “en la onda”.

 

Deberíamos explicarles que comprar no debe ser visto como un pasatiempo divertido sino más bien como algo que la gente hace para adquirir cosas que necesita.  Expliquémosles la diferencia entre necesitar y querer.

 Ayudemos a nuestros hijos a observar cuántas veces al día son expuestas las familias a la publicidad.  Por ejemplo, hay anuncios a ambos lados de los buses, en los coliseos, en la radio y televisión, en vallas, en los cines y en la Internet.

 

Que cuando una estación de televisión o de radio nos dice visitemos sus sitios en Facebook, lo hacen tan sólo para crear “visitas” a su sitio que les ayuden a aumentar sus ingresos por anuncios futuros de otras compañías.

 

Mostrémosles que la publicidad intenta crear una imagen de lo que una persona debiera ser o verse y sin embargo, a menudo, esta imagen no refleja la realidad.

Aquí está lo alarmante… ¿sabemos la diferencia?  Volvemos a “Estoy ocupado, siento que siempre estoy corriendo, estoy estresado”.

 

En la mayoría de las parejas, ambos trabajan a tiempo completo (la índice de divorcio está elevándose a niveles record… crianza por turno).  Están abrumados.  Abrumados mayormente para pagar sus hipotecas.  Pagar por las “cosas” en sus casas.  Pagar por sus vehículos.  Pagar por su ropa (verse popular).  Mayormente, no comprendemos los valores subyacentes.  ¡Somos sólo niños con rostro de adultos!

Miles Patrick Yohnke, copyright 2011

Fuente: www.AsAManThinketh.net

 

La reflexión de hoy me parece sumamente interesante y edificante.  No se trata de un ataque contra los medios publicitarios sino más bien una llamada de atención a la realidad en que estos se mueven y las motivaciones que les impelen a actuar de la manera que lo hacen.

 

La reflexión nos presenta con el desafío que, como padres (y eso incluye a todos los que, como adultos podemos influir en la vida de los más pequeños) tenemos de instruir a nuestros hijos en un camino sobrio y equilibrado, ahorrándoles caer en la vorágine de una vida de consumo.  Por desgracia, es probable que quienes debiésemos enseñar a nuestros hijos, seamos, como concluye el autor de la reflexión, “niños con rostro de adultos”.

 

Despertemos a la realidad y vivamos y enseñemos a vivir vidas balanceadas para la gloria de Dios.  Adelante y que Dios les continúe bendiciendo.

Raúl Irigoyen
El Pensamiento Del Capellán.

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