La familia está herida. Está herida de nacimiento. Muchas veces pareciera que no nos importa la situación. Por eso el Señor habló a Israel mostrandoles su necesidad de sanidad que es aplicable a la familia.

“Grita con la voz de un toque de trompeta. ¡Grita fuerte! No seas tímido. ¡Háblale a mi pueblo Israel de sus pecados!
 Sin embargo, ¡se hacen los piadosos!

Vienen al templo todos los días  y parecen estar encantados de aprender todo sobre mí. Actúan como una nación justa que nunca abandonaría las leyes de su Dios.
Me piden que actúe a su favor,  fingiendo que quieren estar cerca de mí.

 “¡Hemos ayunado delante de ti! —dicen ellos—. ¿Por qué no te impresionamos? Hemos sido muy severos con nosotros mismos,  y ni siquiera te das cuenta”. ¡Les diré por qué! —les contesto—.
    Es porque ayunan para complacerse a sí mismos. Aun mientras ayunan, oprimen a sus trabajadores.

¿De qué les sirve ayunar,  si siguen con sus peleas y riñas? Con esta clase de ayuno, nunca lograrán nada conmigo. Ustedes se humillan  al hacer penitencia por pura fórmula:
inclinan la cabeza como cañas en el viento, se visten de tela áspera  y se cubren de cenizas.
¿A eso le llaman ayunar? ¿Realmente creen que eso agrada al Señor?. Isaias 58

Serafín Contreras Galeano habla de la Sanidad en la Familia

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