“El SEÑOR ama a los justos” Salmo 146:8

 

 

Los Justos – ¿Dónde buscarás al hombre justo? Dios nos dice exactamente dónde encontrar a éste muy importante seguidor del modelo.  Justo entre los agobiados y los extranjeros (versículos 8 y 9); en medio del hambriento, de los prisioneros, los ciegos y los huérfanos; justo donde prevalecen la injusticia y discriminación: justo donde los malvados se salen con la suya.

 

 

¿Qué significa esto? Es bastante evidente.  El hombre justo es como ellos.  Se encuentra en compañía de los enfermos, los heridos y los oprimidos.

 

 

Permite que esa flecha penetre profundamente tu corazón.  Deja que el Espíritu del Dios vivo corte esa imagen confiable y cuidadosamente elaborada al mundo.  Permite que Dios te lleve a tus rodillas en angustia por tu orgullo enfermo y pecaminoso.

 

¿Cuándo fue que decidimos que los justos eran los del Mercedes Benz, los de los jugosos cheques al fondo misionero?  La ubicación de Dios ciertamente no es la que esperábamos que fuera.

 

 

Gersteberger señala que la inclusión de “tsaddiyqim” en el catálogo de los agobiados no es un accidente.  Los justos son en sí parte de los explotados, los pobres y los sufrientes.  ¿Por qué? Porque la gracia de Dios viene a los que comprenden su propia necesidad y pobreza.  ¿Por qué no los levanta Dios de ese desastre? Porque la gracia es función de dependencia.

 

 

Si la gracia de Dios es suficiente, no compartirá espacio con un mejor portafolio de inversiones.  Con razón nos dijo Jesús de la dificultad extrema que tienen los ricos en entrar a los cielos.  Los justos se sienten en casa con los pobres.

 

 

Debemos re-pensar la Biblia.  Hemos asumido que es un libro sobre cómo convertirnos en un seguidor de éxito.  Así que subrayamos los pasajes sobre las bendiciones de Dios.  Hemos olvidado que la Biblia es para los quebrantados.  No es una guía de éxito.

 

 

Es una guía para aquellos que derraman su sangre porque la compasión de Dios los destroza.  Es una historia sobre el lamento por el mundo.  Es un atisbo de la tragedia más grande y el rescate más maravilloso que el mundo verá – a un costo inimaginable.  Es una carta de amor para quienes no la merecen.

 

 

¿Puedes pedir perdón por tu explotación agresiva en la búsqueda del logro humano? ¿Te ha mostrado el Espíritu ese orgullo profundo en tu corazón que desea reconocimiento? ¿Puedes poner tus brazos alrededor del leproso en Calcuta, y amarlo?

 

 

Los bienes raíces de los justos de Dios no son de compra fácil.  Te costará la vida como la conoces.  ¿Pero de que te sirve un título de propiedad en Park Avenue si tu Dios trabaja en los barrios marginales de la Ciudad de México?

 

 

Dr. Skip Moen.
www.SkipMoen.com