Hoy…Caminaré Con Frente Alta

HOY… QUIERO CAMINARE CON FRENTE ALTA.

“Conforme a la fe murieron todos estos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos, porque les ha preparado una ciudad”
Hebreos 11:13-16

 

“Tiendo a caminar cabizbajo frente a las angustias y quebrantos de la vida. Esa es una manera de darle la espalda al eterno Creador. Él espera que yo jamás pierda la esperanza.”
Serafín Contreras G.

 

Hoy tiendo a caminar con desconfianza, debilidad e inconsistencia. Pero necesito tomar la decisión de mantener mis ojos puestos en el Señor. Quiero caminar con la frente en alto. Sí, como los héroes de Hebreos 11, los cuales, aunque no recibieron todo lo prometido acá en la tierra, recibieron más de lo prometido en el cielo. Pero mientras caminaron en la tierra, lo hicieron con la frente en alto porque sabían que creían en el único y verdadero Dios. Su fe no fue un puente entre ellos y lo que ellos esperaban que Dios hiciera, sino un puente entre ellos y Dios mismo.
El libro de Hebreos 11:13-16 dice que mientras caminaron en la tierra ellos mantuvieron en su corazón seis cosas sólidas, firmes y profundas en relación a lo prometido por Dios: Primero, lo creyeron. Segundo, lo saludaron. Tercero, lo confesaron. Cuarto, lo demostraron. Quinto, lo pensaron. Sexto, lo anhelaron. ¡Qué gran ejemplo para mí hoy!
Si quiero caminar hoy con la frente en alto, necesito mantener estas seis cosas en lo profundo de mi ser, en relación con las promesas que Dios me hizo. Primero necesito creerlo, y esto es estar persuadido y convencido de lo que Dios me ha prometido. Segundo, necesito saludar las promesas; abrazarlas como abrazaría a un ser querido y hacerlas parte de mí. Tercero, necesito confesarlas con mi boca: confesar es decir lo mismo que Dios ha dicho. Cuarto, necesito demostrarlo con mi vida. Sí, de nada sirve confesarlo si con mi manera de vivir digo otra cosa.

 

Hoy quiero vivir acorde con lo que confieso con mis labios. Sólo entonces estaré preparado para pensarlo. Cuando creo, lo abrazo, lo confieso y lo demuestro con mi vida… Sólo entonces lo podré pensar y así lo que piense terminará formando mi vida. Y finalmente lo anhelaré. El anhelo es el deseo profundo del alma.
Porque los hombres y mujeres de Hebreos 11 mantuvieron estas seis cosas en su corazón, es que el verso 16 dice que Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos.
Quiero que Dios hoy no se avergüence de llamarse mi Dios.
Señor: A veces el camino parece oscuro pero otras veces está muy claro e iluminado. No importa el camino, lo que me importa hoy es andar por el sendero con la frente en alto. Señor, esos hombres y mujeres de Hebreos 11 hoy han impactado mi vida, porque supieron caminar con fidelidad y certeza. Ellos creyeron tus promesas, las saludaron, las confesaron, las demostraron, las pensaron y las anhelaron. ¿Acaso no es esta la mejor lección para mi vida hoy? ¡Pues quiero vivirla!

REFLEXIÓN:

1.-¿Cuándo fue la última vez que perdí la esperanza?

2.- ¿Por qué perdí la esperanza en esa ocasión?

3.- Piensa en un momento en que perdiste la esperanza y Dios te sorprendió con un socorro extraordinario.

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