“He aquí la hora viene, y ha venido ya, en que seréis esparcidos cada uno por su lado, y me dejaréis solo; mas no estoy solo, porque el Padre está conmigo” Juan 16:32.
Sé que he sido creado por Dios para vivir en compañía de otros. Sé que es imposible vivir plenamente siendo una isla. Dios no me creó para ser una isla, sino para estar rodeado de otros y sentir el calor humano tan indispensable para la vida. Pero también sé que no siempre podré estar acompañado. Hay ocasiones cuando se escapará de mí el gozar de la compañía de otros. Y en esos momentos mi reacción a tal situación determinará muchas cosas. El ejemplo que tengo para seguir en esa situación lo tengo en Jesús, mi Señor. El dijo que la hora viene y ha venido ya, en que vosotros me dejaréis solo, mas no estoy solo, porque el Padre está conmigo.
La Hora viene, dijo Jesús, sé que me dejaréis solo. Sé que vendrá una hora en que yo también estaré solo. Esa hora viene, porque es necesaria, es algo que no podré evitar. Dios en su amor y misericordia, permite esas horas para formar en nosotros algo diferente y desarrollar en nosotros otro tipo de compañía que es más profunda y sólida. La Compañía de él. Jesús habló con seguridad de que eso sucedería en su vida, el estaba convencido. Yo debo estar convencido de que esos momentos vienen, podría ser hoy. Pero Jesús aunque estaba convencido de que esa hora venía, de que la soledad lo rodearía, él estaba convencido de algo más profundo, y es que no estaría solo. El dijo: Vosotros todos me dejareis solo, más no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Qué seguridad. Me dejareis solo más no estoy solo. La razón? Porque el Padre está conmigo.
Qué más puedo pedir hoy? De la seguridad que no estaré solo, porque el Padre está conmigo, inunde toda mi vida, porque eso es vital. Aunque los demás me dejen solo, no estaré solo, porque el Padre está conmigo. Esta seguridad es vital. La mejor compañía que yo puedo disfrutar es la compañía del Padre, un Padre amoroso, que me entiende, me ama y jamás me dejará solo. Esa compañía sostendrá mi vida hasta el último momento y no me dejará desmayar. Hoy, aunque este solo, no estaré solo, porque el Padre está conmigo.
Padre, que bueno es estar en tu presencia. Señor que grato es. Como llenas mi alma de la seguridad de tu compañía. Padre, La hora viene y quizás ahora es cuando todos me dejaran solo, más no estaré solo porque tu estarás conmigo. Si tengo esa seguridad jamás mi vida podrá ser consumida por la amargura y la soledad, sino que la plena satisfacción llenará mi corazón y entenderé que cuando esa hora llegue tu la habrás permitido para formar en mi la más preciosa compañía que el ser humano puede disfrutar.
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