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El Don De Los Problemas

Cuando estamos atascados ó frustrados, no creo que a nadie le gusten los problemas.  Pero los problemas son fuente de riqueza, fama, poder, progreso y la mayoría de las cosas buenas de la vida.

Sin problemas, me temo que todavía viviríamos en cavernas.  ¡Gracias a Dios por el don de los problemas!

¿Creo realmente en eso?  ¡Así es!  Pero, ¿me siento de esa manera todo el tiempo?  No.  ¡Hallo especialmente difícil de apreciar los problemas cuando soy yo quien los tiene!

Pero la verdad es que la mayoría de nosotros se gana la vida resolviendo los problemas de otros.  En ese sentido, aunque me frustren mis propios problemas, ¡estoy extremadamente agradecido de que otras personas tengan problemas que yo puedo resolver!

Tuvimos un problemita con el auto de María esta semana.  El espejo lateral del lado del pasajero fue golpeado y como tiene un control eléctrico, no había manera de poder repararlo yo mismo.  Teníamos un problema.  Y como no estaba programado y no quería ser molestado ese día en particular, me molestó.

¡Pero noté que el tipo en el taller lo vio de manera muy diferente!  Resultó que con su conocimiento, experiencia y herramientas, ¡él no tuvo problemas en absoluto!  Para él, ¡fue una manera fácil de ganarse un par de cientos de dólares!  ¡Qué delicia!  ¡Qué afortunado!

En una economía diversificada, ¡los problemas hacen que el mundo gire!  Cuando tengo un problema con mi auto, el mecánico hace plata.  Cuando tengo un problema con mi ordenador, el técnico hace plata.  Cuando mis clientes quieren hacer crecer sus negocios, enriquecer sus vidas ó tienen dificultad alcanzando sus metas más importantes, recibo una llamada.

¡Gracias a Dios por los problemas!

La verdad es que si queremos hacer más dinero, necesitamos (sí, dije necesitamos) aprender a resolver más y más grandes problemas para más gente.  La gente paga para que le resuelvan sus problemas.

Es fácil comprender cuando el problema es también una crisis.  En una emergencia, queremos que el médico detenga el dolor.  Cuando fallan, queremos nuestros autos arreglados.  Cuando viajamos y necesitamos alimento ó alojamiento por la noche, alegremente le pagamos a alguien para que nos ayude; esos problemas son obvios.  Pero cuando compramos entretenimiento ó muebles para nuestros hogares ó aún un libro para leer en vacaciones, estos son también problemas por los que le pagamos a alguien para resolverlos.

Ya sea que nuestro cliente sea una persona que llamamos “jefe” ó miles de personas que vienen a nuestro restaurante diariamente, todos tienen problemas que resolver.  Si queremos que nos paguen más, debemos hallar maneras ya sea de resolver el mismo problema para más gente ó aprender a resolver problemas más grandes y complejos.  Nuestro ingreso es siempre un reflejo preciso del valor que los clientes colocan en los problemas que les resolvemos.

¡Gracias a Dios por los problemas!

Y como un bono extra, consideremos los sorprendentes dones que los problemas nos dan, ¡sin costo alguno!  Los problemas nos desafían, nos estiran, nos hacen ser creativos.  Nos enseñan cosas y nos fuerzan a aprender de y colaborar con gente muy inteligente.  ¡Algunas veces pienso de los problemas como el don de Dios a la raza humana!

Cuando estamos totalmente relajados y cómodos, asoleándonos, sin problema de ninguna clase, es poco probable que nos sintamos motivados; a veces, ¡hasta nos dormimos!  Sin problemas hacemos muy poco; no inventamos nada y construimos poco de valor perdurable.  Sólo cuando tenemos hambre, estamos frustrados, preocupados ó desafiados por un problema es que nos levantamos, reunimos nuestros recursos y nos ponemos a trabajar.  Los problemas (y sus soluciones) han creado el mundo que disfrutamos diariamente.

Así que ¿disfruto en realidad los problemas?  Bueno, no siempre.  Como la mayoría de la gente, me frustro ó molesto por problemas inesperados.  Pero sí los veo como oportunidades para aprender nuevas pericias, para crecer y en algunos casos, ¡para enriquecernos!  Los problemas nos dan una oportunidad de conocer gente con pericias que no tenemos, ó de extender nuestra red y aprender de gente con experticias en áreas que no podemos manejar nosotros mismos.

Creo que fue W. Clement Stone quien observó que: “Cada problema lleva consigo mismo una oportunidad aún mayor”; creo que estaba en lo correcto.  Examinemos cada problema buscando el oro que yace en él.  Los problemas nos hacen más fuertes, nos enseñan pericias y, en el tiempo, nos hacen ricos!

Phil Humbert

Fuente: http://www.asamanthinketh.net/

El pensamiento de hoy nos ofrece una perspectiva original y sumamente interesante sobre los problemas que hemos aprendido a temer y aún a rechazar.  Lo cierto es que el autor de la reflexión pone el dedo en la llaga al afirmar que son precisamente ellos los que sirven de motivación para el progreso de la humanidad tanto a nivel individual como grupal.

¿Estaremos amargándonos por algún ó algunos problemas que enfrentamos actualmente?  Tal vez es el momento de comenzar a verle el “lado amable” (como diría aquel gran filósofo, el Chavo del Ocho) a ese problema.  Pero entiendo que a veces, la naturaleza de la crisis nos impide desarrollar una mejor perspectiva.

Si ese es el caso, ¿por qué no aprovechar este fin de semana para acercarnos al Salvador y congregándonos con tantos otros que le reconocen como Señor, le permitamos darnos una visión renovada de nuestras circunstancias y futuro?  Adelante y que el Señor prospere sus caminos.

Raúl Irigoyen

El Pensamiento Del Capellán